..................................................................... |
|
..................................................................... |
No. 43 / Octubre 2011 |
|
|
Conozco un paraíso
donde no hay manzanas lo habita un árbol que se alimenta de sangre y esperma de unicornio. Regurgita frutos negros redondos como el lomo de un aleph -relumbrantes caderas de guadaña o astillas de empinada laringe- que retornan siempre al punto de partida Líquidos guijarros convocando la reunión en paradójica sinergia -horizontales racimos en franco desafío a la gravedad- a veces indómitos transigen al calor de la mano que cercena sus pedúnculos para dejarlos ahí, como al descuido por si alguno los ve ¿quién puede saberlo? Serán degustado tal vez por un iluso caminante que salive por sus jugos. Y aunque muchos gusten de beber claro y amanzanado Nadie sabe que la hiel que macera sus desnudos huesos se diluye indefensa al tacto imprevisto de una retina sin vela ni astrolabio. Ahí en esa afrutada indefensión de pupilas siempre abiertas yace con el sexo al sol la más dulce y terrible de las claridades. A esos frutos inciertos yo los nombro Palabras como nombrar el pan, la sal o el agua y saturo las llagas con su migas y su fiero mineral. Los nombro en concilio de labios y ritual matraqueo de lengua y pongo la rótula en el suelo y me persigno ante su relativa verdad esa verdad que los locos guardan bajo el sobaco mientras aprietan el nudo que resiste a la razón Los deletreo y cedo todas mis agrietadas costillas al navegante que comparta el alienado crujir de una mordida destinada desde antes desde siempre desde el más allá al esférico y filigranado exilio del perdedor que utópico transgrede su destino cobijado entre versos
El poeta Para Domingo Acosta Felipe
el taller, la parcela, la emoción, el hierro, la semilla, el papel, el yunque, la tierra, la palabra, el mazo, la hoz, el poema, la forja, la flor.
|
Leer reseña... {moscomment} |