Efraín Huerta y el cine mexicano

Cine y poesía
Por Ángel Miquel
 
 
 
cine-efrain-huerta-1.jpgLa carrera de Cardoza prosperó y en pocos meses tenía ya a su cargo el suplemento cultural del periódico, donde pudo comenzar a diseminar la información asimilada en su experiencia europea. Entre los colaboradores frecuentes del suplemento estaba el joven poeta Efraín Huerta, quien alternaba sus intereses entre la literatura y el cine. Nacido en 1914 en Silao, Guanajuato, Huerta se había trasladado tiempo antes a la ciudad de México, donde había publicado ya dos breves poemarios: Absoluto amor (1935) y Línea del alba (1936). En el primero de esos libros daba cumplida cuenta de su pasión por las imágenes en movimiento, ya que tres de sus poemas estaban dedicados a la actriz rusa Anna Sten. [...] Las primeras colaboraciones de Huerta relativas al cine para el suplemento de El Nacional aparecieron en julio de 1937. Empezó entonces una larga carrera como periodista especializado que lo llevaría, en alrededor de cuarenta años, a publicar cientos de notas en periódicos como Aquí, Esto, El Fígaro y El Día, y revistas como Cinema Reporter y México Cinema.
 

No. 70/ Junio 2014


Efraín Huerta y el cine mexicano

Cine y poesía
Por Ángel Miquel
 

En el verano de 1932 llegó a México el escritor guatemalteco Luis Cardoza y Aragón. Venía sin un centavo, pero con el capital cultural de haber vivido recientemente el París de Picasso y Stravinski, de los inicios del surrealismo y Paul Valéry... “Mi generación ‒escribió en El río, su libro de memorias‒ fue la última que vio en París la cima de la cultura, la capital del arte.” Allá se había relacionado con escritores hispanoamericanos como Vicente Huidobro, César Vallejo y Ramón Gómez de la Serna, y con los mexicanos Alfonso Reyes, Agustín Lazo y Samuel Ramos; allá también había escrito sus primeros libros de poemas.

cine-cardoza-y-aragon.jpgAl principio las ocupaciones laborales de Cardoza en México (donde viviría, en una primera etapa, hasta 1944), fueron la impartición de cursos de arte, en los que dio a conocer la pintura de vanguardia europea, y la práctica del periodismo. En Revista de Revistas y en Todo comenzó publicando, como diría burlonamente años después, “artículos de primera necesidad”. Éstos incluyeron algunas notas sobre cine, aparecidas en la segunda publicación entre 1935 y los primeros meses de 1936. Pero la gravitación intelectual del guatemalteco se orientaba principalmente hacia la literatura y la crítica de artes plásticas, por lo que cuando en agosto de ese último año fue contratado como articulista en el diario El Nacional, abandonó la crítica de películas.

La carrera de Cardoza prosperó y en pocos meses tenía ya a su cargo el suplemento cultural del periódico, donde pudo comenzar a diseminar la información asimilada en su experiencia europea. Entre los colaboradores frecuentes del suplemento estaba el joven poeta Efraín Huerta, quien alternaba sus intereses entre la literatura y el cine. Nacido en 1914 en Silao, Guanajuato, Huerta se había trasladado tiempo antes a la ciudad de México, donde había publicado ya dos breves poemarios: Absoluto amor (1935) y Línea del alba (1936). En el primero de esos libros daba cumplida cuenta de su pasión por las imágenes en movimiento, ya que tres de sus poemas estaban dedicados a la actriz rusa Anna Sten. Ésta, que había actuado en Moscú con Stanislavski, se exilió en Alemania y pasó en los años treinta a Hollywood donde, en un intento por hacerla rivalizar con las otras bellezas nórdicas de la época, Greta Garbo y Marlene Dietrich, la Metro-Goldwin-Mayer le asignó primeros papeles en Emile Zola (1934), The Wedding Nigth (1935, con Gary Cooper) y otras cintas. Desde luego, sus actuaciones no resultaron tan atractivas para el público como las de sus célebres rivales, pero por lo visto su belleza impresionó profundamente al poeta mexicano.

cine-anna-sten.jpgLas primeras colaboraciones de Huerta relativas al cine para el suplemento de El Nacional aparecieron en julio de 1937. Empezó entonces una larga carrera como periodista especializado que lo llevaría, en alrededor de cuarenta años, a publicar cientos de notas en periódicos como Aquí, Esto, El Fígaro y El Día, y revistas como Cinema Reporter y México Cinema. Buena parte de esa ingente producción ha sido recopilada por Alejandro García en los dos tomos de Close Up (Ediciones La Rana e Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato, 2010), lo que permitirá recrear en tesis universitarias y otro tipo de ensayos –tal y como ha ocurrido ya con Alfonso Reyes, Jaime Torres Bodet, Xavier Villaurrutia y José Revueltas– algunos aspectos del medio periodístico, literario y cinematográfico en que se desenvolvió el escritor, así como ubicar el peso específico de esa abundante producción textual en el seno de su obra.

A diferencia de compañeros de ruta como Mauricio Magdaleno y José Revueltas, quienes se volcaron hacia la industria del cine para escribir guiones u ofrecer relatos que pudieran ser llevados a la pantalla, Huerta se mantuvo al margen de la producción. Al contrario, permaneció, como muchos otros, en la enorme esfera propagandística creada en los años cuarenta a remolque del éxito económico de las productoras de la “edad de oro”. En efecto, como una de las consecuencias de la consolidación del sistema de estrellas y del incremento de la producción hasta llegar a fines de la década a alrededor de cien películas por año, surgió en un breve periodo una constelación de publicaciones periódicas en las que se difundían noticias acerca de todos los estratos de la industria y se comentaban y propagandizaban sus obras. Las más influyentes de esas publicaciones fueron Cinema Reporter, Novelas de la Pantalla y México Cinema, pero muchas más, de aparición semanal o mensual, compartían con ellas los alambres de los puestos de periódicos. Por otra parte, diarios como El Universal Gráfico, Novedades y La Prensa, y semanarios de información general como Así, La Afición, El Redondel, Esto y Mañana, también incluían crítica y espacios frívolos sobre el cine. A principios de la década había solo unos cuantos periodistas cinematográficos activos, cifra que en un par de años se elevó a alrededor de cincuenta, aún sin contar a quienes se dedicaban estrictamente a hacer anuncios, carteles, stills y gacetillas publicitarias. Entre todos ellos destacaba Huerta, por la calidad de sus notas en las que ejercía una inteligente crítica de películas.

cine-efrain-huerta.jpgPero el periodista era además poeta, y una sección importante de su obra creativa estuvo marcada por el impacto del cine. En el libro La rosa primitiva (1950) Huerta incluyó Breve elegía a Blanca Estela Pavón. Puede decirse que esa intensa pieza dedicada a recordar a la joven actriz muerta en un accidente de aviación el año previo elevó el género de la poesía dedicada a las estrellas –hasta entonces reducida casi por entero a las empalagosas líneas que espontáneos versificadores enviaban a los fan-magazines– a la categoría de las obras importantes de un creador de obra ya reconocida. Huerta escribió al menos otros dos poemas de la misma jerarquía, que decidió no incluir en libros: uno fue
Marina Tamayo
, en el que se refirió elogiosamente a la protagonista de En tiempos de don Porfirio (Juan Bustillo Oro, 1939) designándola “alta rosa del film/ acuarela de amor inalcanzable”; y el otro fue María de los Ángeles Félix, donde celebró la belleza de la joven actriz debutante en El peñón de las Ánimas (Miguel Zacarías, 1942). Huerta también incursionó en otro género de poesía cinematográfica, enfocado ya no en hacer el elogio de las estrellas sino el de las películas. Ahí propuso María Candelaria, dedicado a la cinta del mismo nombre interpretada por Dolores del Río y Pedro Armendáriz (realizada por Emilio Fernández en 1943), mientras que en el Corrido de la Enamorada glosó el argumento de otra célebre cinta dirigida por el mismo director en 1948, y estelarizada por Félix y Armendáriz. Desde los años veinte Manuel Maples Arce y otros integrantes movimiento estridentista habían incorporado a sus poemas términos como close-up o disolvencia; más adelante, bohemios como El Vate Frías y Renato Leduc celebraron en verso a intérpretes de películas norteamericanas, pero los poemas de Huerta fueron los primeros inspirados directa y explícitamente por el cine mexicano.

En esto, Huerta manifestó en primer término haber asimilado la gran fuerza seductora del medio en que estaba inmerso. Pero esta incorporación de temas cinematográficos también dio cuenta de una elección derivada de una amplia discusión, que se alargó durante varios años y en la que Huerta participó de forma prominente, acerca del papel de la poesía y, en términos más generales, de los creadores e intelectuales en la sociedad. Ya desde sus primeros textos no cinematográficos para El Nacional (por ejemplo, El problema de la poesía y Por una poesía de la juventud, de enero y marzo de 1937, respectivamente), fue clara su voluntad de sondear el territorio desde donde pensaba levantar su obra. Pero esto fue aún más evidente a partir de 1938, cuando junto con Alberto Quintero Álvarez, Rafael Solana y Octavio Paz, participó en el lanzamiento de una nueva revista de literatura, a la que titularon Taller. En esta publicación, que apareció durante tres años, resultó urgente a los redactores definir a través de editoriales, ensayos y poemas su postura personal y grupal en esos agitados años de la guerra civil española, la lucha contra el fascismo y el inicio de la segunda guerra mundial.

cine-cinema-reporter.jpgEn el caso de Huerta, la reflexión acerca de la situación del artista en la sociedad lo llevaría a una militancia política de izquierda cada vez más comprometida, pero también decantaría en su obra un tono que, emparentado con el de la obra contemporánea de Pablo Neruda, César Vallejo y Rafael Alberti, se revelaría en sus siguientes libros, Poemas de guerra y esperanza (1943) y, sobre todo, Los hombres del alba (1944). En ellos Huerta propuso una poesía violenta, política, noticiosa casi (¡Stalingrado en pie!, La muchacha ebria), y en la que, como escribió Rafael Solana en el prólogo al último libro, el poeta abría “un sendero sangriento y destrozado, como si hubiese pasado agitando entre las matas una filosa espada enfurecida”. Esa poesía no rimada y de forma difícil tenía sin embargo, a través de los contenidos, intención popular. Y por eso entre sus temas incluía al popular cine de México.

 


Ilustraciones:
Retrato de Cardoza y Aragón por José Clemente Orozco
http://macabal.wordpress.com

Cartel de Nana, 1934
http://www.doctormacro.com/

Fotografía de Efraín Huerta
http://www.poesi.as/fotoeh.htm

Portada de Cinema Reporter núm. 30, 1943
www.pulpinternational.com