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Leonard Cohen |
Leonard Cohen: Cinco canciones*
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Versiones de Raúl Carrillo Arciniega Nota de Víctor Cabrera |
Primero tomamos Manhattan
Del álbum I’m Your man (1988)
El futuro
Devuélveme mi noche rota, mi cuarto de espejos, mi vida secreta. Estoy tan solo aquí, no queda nadie a quien torturar. Dame control absoluto sobre cada alma viviente y recuéstate a mi lado, nena: ¡Es una orden! Dame crack y sexo anal, toma el último árbol que queda y ensártalo en el hoyo de tu cultura. Devuélveme el muro de Berlín, regresen, Stalin y San Pablo. He visto el futuro, hermano: homicidio. Las cosas se deslizarán en todas direcciones y no habrá nada, nada más que pueda ser medido. La ventisca del mundo ha cruzado el umbral y trastocado el orden de las almas. Cuando dijeron: “Arrepiéntanse, arrepiéntanse”, me pregunto a qué se referían. No me conoces por el viento, nunca lo harás, nunca lo has hecho: Soy el pequeño judío que escribió la Biblia y he visto a las naciones erigirse y caer, he oído sus historias, los he oídos a todos, pero el amor es el único impulso de supervivencia. A tu sirviente le han advertido que lo diga claro, que lo diga sin inmutarse: “Esto se acabó, no va más.” Y ahora que las ruedas del paraíso se detienen sientes el fuetazo del diablo. Prepárate para el futuro: homicidio. Las cosas se deslizarán en todas direcciones y no habrá nada, nada más que pueda ser medido. La ventisca del mundo ha cruzado el umbral y trastocado el orden de las almas. Cuando dijeron: “Arrepiéntanse, arrepiéntanse”, me pregunto a qué se referían. Se desmoronará el viejo código occidental, tu vida privada explotará repentinamente y habrá fantasmas e incendios en la carretera y el hombre blanco bailará. Verás a tu mujer colgada de los pies, sus facciones cubiertas por su camisón caído y todos los asquerosos poetastros alrededor tratando de sonar como Charlie Manson. Devuélveme el muro de Berlín, dame a Stalin y San Pablo dame a Cristo o dame Hiroshima. Destruye otro feto ya, de todos modos los niños nos disgustan. He visto el futuro, nena: homicidio Las cosas se deslizarán en todas direcciones y no habrá nada, nada más que pueda ser medido. La ventisca del mundo ha cruzado el umbral y trastocado el orden de las almas. Cuando dijeron: “Arrepiéntanse, arrepiéntanse”, me pregunto a qué se referían. Himno Los pájaros cantaron y al despuntar el día comienzan otra vez. Los oí decir no habites en lo pasado o en lo que está por venir. Las guerras se pelearán de nuevo. La Paloma Santa será atrapada una vez más, será comprada y vendida; la paloma no es libre. Haz sonar las campanas que aún puedan repicar, olvida tu oferta tentadora que hay una grieta en cada cosa y así es como la luz se filtra. Pedimos señales y se nos dieron: el nacimiento traicionado, el matrimonio malgastado. Sí, la viudez de cada gobierno —señales claras para todos. Ya no puedo correr con esa corona usurpada mientras los asesinos en las alturas elevan sus oraciones. Pero han llamado y reunido una nube de truenos en la que me oirán. Puedes sumar todas las partes pero no tendrás el total, puedes iniciar la marcha pero no hay ningún tambor. Cada corazón, cada corazón para amar vendrá, pero sólo como refugiado. Haz sonar las campanas que aún puedan repicar, olvida tu oferta tentadora que hay una grieta en cada cosa y así es como la luz se filtra. La democracia Ya viene por un hueco en el aire desde aquellas noches en la plaza Tiananmen. Ya viene y se siente como si no fuera real del todo, o si lo es, como si no estuviera allí del todo. Desde las guerras contra el desorden, desde las sirenas, noche y día, desde las hogueras de los vagabundos, desde las cenizas de los maricones: la democracia ya viene a los Estados Unidos. Ya viene por una grieta en el muro en una visionaria inundación de alcohol; desde la asombrosa explicación del Sermón de la Montaña que no pretendo ni siquiera entender. Ya viene desde el silencio en el muelle de la bahía; desde el valiente, el audaz, el abollado corazón de Chevrolet: la democracia ya viene a los Estados Unidos. Ya viene desde la tristeza en la calle, de los lugares santos donde las razas se congregan; desde el asesino quejumbroso que va de cocina en cocina determinando quién ha de servir y quién ha de comer. Desde los pozos de la decepción donde las mujeres se arrodillan para orar por la gracia de Dios en este desierto y en el lejano también: la democracia ya viene a los Estados Unidos. Navega, navega, ¡oh, poderoso barco del Estado! Hacia las orillas de la necesidad, frente a los arrecifes de la codicia, a través de la borrasca del odio. Navega, navega, navega. Ya viene, primero a los Estados Unidos, cuna del mejor y del peor. Ya está aquí, donde tienen el alcance y la maquinaria para el cambio. Ya está aquí, donde tienen la sed espiritual. Ya está aquí, donde la familia está destruida y está aquí donde el solitario dice que el corazón tiene que abrirse de una manera fundamental: La democracia ya viene a los Estados Unidos. Ya viene desde las mujeres y los hombres. ¡Oh, nena, otra vez haremos el amor! ¡Llegaremos tan profundo que el río ha de llorar y las montañas gritarán Amén! Ya viene como un maremoto bajo el dominio lunar, imperial, misteriosa, amorosamente dispuesta: La democracia ya viene a los Estados Unidos. Soy sentimental, si entiendes lo que digo, me encanta el campo pero no soporto el paisaje. Y no soy de izquierda ni de derecha, sólo me quedo en casa esta noche perdiéndome en esa pantallita de desesperanza. Estoy emperrado como esas bolsas de basura en que el Tiempo no puede deteriorarse, soy basura pero todavía mantengo erguido este salvaje ramo de flores: La democracia ya viene a los Estados Unidos. Hora de cerrar ¡Ah! bebemos y bailamos y la banda resuena verdaderamente y la sabiduría de Johnny Walker corre por todas partes y mi dulce acompañante es un ángel de compasión que frota contra sus muslos la mitad del mundo y cada bebedor, cada bailador levanta el rostro lleno de alegría para agradecerle. El violinista entona algo sublime y todas las mujeres desgarran sus blusas y los hombres bailan en sus trajes de lunares para encontrar y perder a su pareja y es un infierno pagar cuando la música se detiene: es hora de cerrar. Estamos solos, somos románticos y la sidra se mezcla con el ácido, y el Espíritu Santo chilla “¿dónde está la carne?” y la luna nada desnuda y la noche de verano es fragante y hay una gran expectativa de alivio. Así que luchamos con las serpientes y nos tambaleamos en la escalera hacia la torre donde las horas benditas repiquetean y juro que sucedió así: un suspiro, un llanto, un beso hambriento, las Puertas del Amor apenas si se movieron. No puedo decir que ha pasado mucho desde entonces, sólo que es hora de cerrar. Juro que así ocurrió: un suspiro, un llanto, un beso hambriento, las Puertas del Amor apenas si se movieron. No puedo decir que ha pasado mucho desde entonces, sólo que es hora de cerrar. Te amé por tu belleza, pero eso no me engaña: también estabas en esto por tu belleza, y te amé por tu cuerpo y hay una voz que suena a Dios que me repite y repite que tú eres ese cuerpo. Y te amé cuando nuestro amor fue bendecido, y ahora te amo y ya no queda nada sino tristeza y una sensación de estar viviendo horas extra, y te he echado de menos desde que nuestra casa fue destruida, y no me importa qué pasó después; parece libertad pero se siente como muerte, algo así: es hora de cerrar. Sí, te extraño desde que nuestra casa fue destruida por los vientos de la libertad y la mala hierba del sexo. Parece libertad pero se siente como muerte o algo así: es hora de cerrar. Sí, bebemos y bailamos pero no sucede nada en realidad, y el lugar está tan muerto como el Paraíso en noche de sábado y mi querida acompañante me busca a tientas y me hace reír. Tiene un cien aunque viste muy ajustada y levanto mi copa por la terrible verdad que no se puede revelar a oídos juveniles, sólo decir que no vale ni diez centavos, y todo el maldito lugar enloquece dos veces, una por el Diablo y otra por Cristo, pero al patrón no le gustan esas alturas vertiginosas, estamos agarrados a esta luz deslumbrante de la hora de cerrar.
Del álbum The Future (1992)
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* Publicadas entre 1988 y 1992 (una época definida por el comienzo del derrumbe de las “certezas” que confirieron sustancia a los discursos político y social de la segunda mitad de nuestro convulso siglo XX, y que, como lo hemos podido constatar en los últimos tiempos, continúa hasta nuestros días) estas cinco canciones del poeta y cantautor canadiense Leonard Cohen dan cuenta de ese cariz premonitorio según el cual el arte se anticipa a la realidad. |