Hilda Doolittle

No. 96 / Febrero 2017


 

 


 Hilda Doolittle


Traducción de Daniela Birt


Envy

. . . even in the house of Hades.
—Sappho

1
I envy you your chance of death,
how I envy you this.
I am more covetous of him
even than of your glance,
I wish more from his presence
though he torture me in a grasp,
terrible, intense.

Though he clasp me in an embrace
that is set against my will
and rack me with his measure,
effortless yet full of strength,
and slay me
in that most horrible contest,
still, how I envy you your chance.

Through he pierce me —imperious—
iron—fever—dust—
though beauty is slain
when I perish,
I envy you death.
What is beauty to me?
has she not slain me enough,
have I not cried in agony of love,
birth, hate,
in pride crushed?

What is left after this?
what can death loose in me
after your embrace?
your touch,

your limbs are more terrible
to do me hurt.
What can death mar in me
that you have not?

2
What can death send me
that you have not?
you gathered violets,
you spoke:
"your hair is not less black,
nor less fragrant.
nor in your eyes is less light,
your hair is not less sweet
with purple in the lift of lock;"
why were those slight words
and the violets you gathered
of such worth?

How I envy you death;
what could death bring,
more black, more set with sparks
to slay, to affright,
than the memory of those first violets,
the chance lift of your voice,
the chance blinding frenzy
as you bent?

3
So the goddess has slain me
for your chance smile
and my scarf unfolding
as you stooped to it;
so she trapped me
with upward sweep of your arm
as you lifted the veil,
and the swift smile and selfless.

Could I have known?
nay, spare pity,
though I break,
crushed under the goddess' hate,
though I fall beaten at last,
so high have I thrust my glance
up into her presence.

Do not pity me, spare that,
but how I envy you
your chance of death.



Envidia

…incluso en la casa de Hades,
—Safo

1
Envidio tu opción ante la muerte,
cómo te envidio esto.
Yo soy más codiciosa de ella
incluso que de tu mirada,
deseo más de su presencia
aunque me torture en una captura,
terrible, intensa.

Aunque me apriete en un abrazo
hecho en contra de mi voluntad
y me atormente con su tamaño,
sin esfuerzo pero tan lleno de fuerza,
y me asesine
en esa tan terrible contienda,
aun, cómo te envidio tu oportunidad.

A través me perfora —imperiosa—
hierro—fiebre—polvo
aunque la belleza sea destrozada
cuando perezca,
te envidio tu muerte.
¿Qué es para mí la belleza?
¿No me ha destrozado ella lo suficiente,
no he llorado en la agonía del amor,
el nacimiento, el odio,
con el orgullo aplastado?

¿Qué permanece después de esto?
¿Qué puede dejar suelto en mí la muerte
después de tu abrazo?
tu toque,

tus miembros son más terribles
para hacerme daño.
¿Qué puede desfigurar la muerte en mí
que antes no lo hayas hecho tú?

2
¿Qué puede enviarme la muerte
que tú no lo hayas hecho?
tú reuniste violetas,
tú hablaste:
"tu cabello no es menos negro,
ni menos fragante.
ni en tus ojos se encuentra menos luz,
tu cabello no es menos dulce
con el púrpura en tu mechón alzado"
¿por qué fueron esas ligeras palabras
y las violetas que reuniste
de tanto valor?

Cómo te envidio la muerte;
¿qué podría la muerte traerme
más negro, más lleno de centellas
que destruir, que asustar
que el recuerdo de esas primeras violetas,
el ascenso fortuito de tu voz,
el frenesí oportuno y cegador
mientras te doblabas?

3
Así es que la diosa me ha matado,
por tu casual sonrisa
y mi bufanda desdoblándose
mientras te abalanzabas sobre ella;
para que me atrapara
en el trazo adelantado de tu brazo
mientras levantabas el velo,
y las sonrisas rápidas y desinteresadas.

¿Podría haberlo sabido?
No, ahórrate la compasión,
aunque me rompa,
aplastada bajo el odio de la diosa,
aunque haya caído abatida por última vez,
tan alto he lanzado mi mirada
en su presencia.

No me tengas lástima, ahórrate eso,
pero cómo te envidio
tu opción ante la muerte.