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Séptima entrega |
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![]() (Río Turbio, provincia de Santa Cruz, 1981) Avenida Roca Y el silencio es una mancha de sangre incorregible Hay cadáveres que son tan divertidos! que golpean con sus huesos de sapos golpean en sienes los asfaltos, que dibujan tactos en la noche y galopan invisibles en misterios. Ellos tan divertidos tan cómicos que tienen la inquietud de un niño traspasando las paredes, se escapan trémulos de sus epitafios claros, vencidos, anónimos. Buscando en el aroma de la sangre de petrificada insignia invertebrada el acero de la carne hacedora. Son cadáveres tan divertidos y llenos de vida que aún buscan modernos de plumas con la pausa del grito a las raíces venerantes de la roca. Son tan divertidos como insatisfechos Oh!! Indio poeta sobre sepulcros vendados donde revienta la sangre invisible que nos mancha. Una mujer de piernas largas Una mujer de piernas largas rompe el protocolo de los cubiertos hundiendo los pies de los visitantes en pos de no evidenciar carpas de manteles, levitando contornos caídos y desnudando orgías salivitas masticadas de caviar, su inmutable destreza de silencio la estatua de sus ojos ausentando relojes, la destreza en el malabarismo de su mirada sin intención llenan los habitáculos de enigmas de sensaciones sádicas en el intervalo legamoso de la carne. Escultura de sombras como el por qué de un artista anónimo y los versos eróticos sin poesía. De artesanales humoradas de gestos inmódicos han hecho sucumbir los aplausos cuando el intendente suspiraba los puntos suspensivos de su discurso y las mujeres de oro de los concejales salpicaron de salsa sus tules al caer sus mandíbulas en las vasijas. Por una mujer de piernas largas los mozos se desnudaron vestidos de moño, al orquesta afinó con ginebra sus instrumentos y brindaron con zumo los ecos del encuentro. Los cocineros escupieron sin telones las barbas blancas del bacarat el intendente vació los bolsillos de los lamebotas del partido presente y ellos lo apuñalaban cicatrizándole caries en la espalda con la primaveral sonrisa de una oveja con colmillos, los concejales sin premuras, manoseaban el clítoris perfumado de sus secretarias mientras ellas llenaban de ceros su próximo pasaje a la cuenta bancaria. Las mujeres de oro cabeceaban la cintura de los mozos y el pueblo que pudo acceder en su silla de plástico popular aplaudían sin cesar la verdad que sangraban en sus narices postulas. Una mujer de piernas largas se levanta y el mundo se detiene. Una mujer de piernas largas se va Y todos se vuelven a vestir. Gota Cae una gota cultivada por el beso de una gota que sube desde el mar y el universo tiembla. Como calor en la distancia el agua sacude ecos de ojeras. La noche naufraga en paréntesis de sal, la luna derrama puzzles de luz y oscuridad sobre un sismo de aceite. La calma grita como un espejo ondulado. Instante donde el caos clama la historia hasta volver en lacia quietud igual a tumbas y nacimientos. Cae una gota y me siento pequeño. Madrugada de la última gota Busco en el aceite de su garganta un cántaro de uvas asesinadas. Sediento como aborto de billetera suicidándome en el suicidio que se sumerge en la claustrofóbica cascada de su boca. Y en esa cucharada de lengua que bate la prolijidad de las caries me da la sangre tibia su alma humedecida de tabacos. Luego beso mi boca. Hedonista de una obsesión unitaria. Vampiro añejo de fermentados cristales. León que lame sus barbas manchadas de muerte. Ella dice “te amo” y mi desvarío responde: “fuí por la última gota de vino” |
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